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El matrimonio en el templo no garantiza la exaltación

Pregunta:
Hace algunos años mientras estudiaba las escrituras llegue a la sección 132 verso 19 donde habla acerca del matrimonio eterno, y me quedo una inquietud en cuanto a la promesa que allí se hace, y es que aun que se cometan algunos pecados si hemos sido sellados por el Santo Espíritu de la promesa ganaremos la exaltación, siempre y cuando no derramemos sangre inocente, o negar el espíritu. Que me podrían explicar acerca de eso? ósea que siempre ganaremos la exaltación aun cuando cometamos pecados?. La escritura es bien clara, y pues me gustaría tener su opinión. Gracias.
 
Respuesta:
“Algunas personas han intentado distorsionar el sentido de estos versículos insinuando que al casarse en el templo, uno tiene ya asegurada la exaltación. A ese razonamiento se refirió Pedro cuando dijo: tuercen… las… Escrituras… para su propia perdición” (2 Pedro 3:16). El presidente Harold B. Lee indicó que un matrimonio en el templo puede ser perfeccionado y sellado por la eternidad, pero que no hay garantía de ello en la ceremonia misma:

“Algunas personas tienen el concepto equivocado de que si de alguna manera pueden entrar en la casa del Señor y casarse, cuentan con la seguridad de alcanzar la exaltación no importa qué hagan, y, para sustentar su forma de pensar, citan la sección 132, versículo 26. Pero eso no es lo que indica el Señor. El Señor asegura la exaltación a los que cometan errores, si se arrepienten de ellos” (Cram for Life’s Final Examination, Brigham Young University Speeches of the Year [Provo, 5 de enero de 1954], pág. 7). El presidente Joseph Fielding Smith comentó lo siguiente: “El versículo 26 de la sección 132 es el pasaje más mal interpretado de las Escrituras. El Señor nunca ha prometido a ningún alma que será llevada a la exaltación sin el espíritu de arrepentimiento. A pesar de que el arrepentimiento no se menciona en este pasaje, aun así, está, y debe estar sobrentendido. Me extraña que todos conozcan el versículo 26, pero me parece que nunca han leído o escuchado Mateo 12:31-32, donde el Señor nos dice en substancia la misma cosa que encontramos en el versículo 26 de la sección 132.
“Así que debemos deducir que aquellos de quienes se habla en el versículo 26 son los que, habiendo pecado, se han arrepentido completamente y están dispuestos a pagar el precio de sus pecados; de otro modo, no tendrían las bendiciones de la exaltación. Es absolutamente necesario el arrepentimiento para obtener el perdón, y la persona que haya pecado debe ser limpiada.” (Doctrina de Salvación, tomo II, págs. 88, 89.)
La frase clave es “…y son sellados por el Santo Espíritu de la promesa” (D. y C. 132:26). Este sellamiento está relacionado con el hecho de “hacer firme” o asegurar la propia vocación y elección. (Véase Notas y comentario sobre D. y C. 76:53; 131:5; 132:7.)
Hablando específicamente de la promesa que encontramos en Doctrina y Convenios 132:26, el Elder Bruce R. McConkie dijo:
“El hacer firme o asegurar la propia vocación y elección viene después del matrimonio celestial y se deriva de él. La vida eterna no existe ni puede existir para el hombre solo o la mujer sola, porque su misma naturaleza consiste en la continuación de la unidad familiar en la eternidad. Por eso, la revelación referente al matrimonio habla tanto del matrimonio celestial (en el que se dan las promesas de la vida eterna con la condición de recibirlas si son fieles) como del hecho de hacer firme o asegurar la propia vocación y elección (en el que se dan las promesas incondicionales de la vida eterna) en la misma frase, en la cual también se dice que quienes cometan pecados (con la excepción del ‘homicidio en el que vierten sangre inocente’) después de ser sellados para vida eterna, aún alcanzan la exaltación. Y después dice ‘entonces’, esto es, después de haber hecho firme o asegurado su vocación y elección [y cita D. y C. 132:19-20].
“Luego, la revelación [vers. 26] habla de aquella obediencia de la cual surge la vida eterna y. hablando todavía del matrimonio celestial y de hacer segura la propia vocación y elección, dice: ‘De cierto, de cierto te digo, que si un hombre contrae matrimonio con una mujer conforme a mi palabra, y son sellados por el Santo Espíritu de la promesa, de acuerdo con mi precepto’, es decir, si ambos están casados y se les asegura su vocación y elección. ‘saldrán en la primera resurrección y entrarán en su exaltación’.” (Doctrinal New Testament Commentary, 3:343-344.)
Si uno hace firme o asegura su propia vocación y elección y esa promesa le es sellada por el Santo Espíritu de la Promesa —sigue diciendo el Elder McConkie—, ello no significa que pueda pecar impunemente. “¿Qué sucedería si quienes han recibido la seguridad de su vocación y elección pecaran gravemente? Supongamos que se descarriaran y siguieran el camino de la iniquidad o que lucharan contra la verdad y se rebelaran contra Dios. ¿Qué les sucedería?
“Es evidente que todos los hombres pecan, antes y después del bautismo, y también antes y después de hacer firme o segura su vocación y elección. Ha habido solamente un hombre sin pecado: El Señor Jesús, que era el propio Hijo de Dios.
“Así, en la revelación que anuncia el establecimiento de la Iglesia restaurada en esta época, el Señor dice: ‘Pero existe la posibilidad de que el hombre caiga de la gracia y se aleje del Dios viviente; por lo tanto, cuídese la iglesia y ore siempre, no sea que caiga en tentación; sí, y cuídense aun los que son santificados’ (D. y C. 20:32-34).
“Los profetas y Apóstoles desde Adán y Enoc en adelante, y todos los hombres, ya sea que hayan sido purificados y santificados del pecado o no, siguen sujetos al pecado y, de hecho, pecan. Así sucede aun después de haber tenido las visiones de la eternidad y de haber sido sellados por aquel Santo Espíritu de la Promesa que ha asegurado su vocación y elección. Dado que a estos escogidos se les ha asegurado la promesa de la vida eterna, y dado que ‘nada impuro puede entrar’ en el ‘reino’ del Padre (3 Nefi 27:19), ‘ni morar en su presencia’ (Moisés 6:57), ¿qué sucede con los pecados cometidos después de ser sellados para vida eterna?
“Es obvio que todavía tienen vigencia las leyes del arrepentimiento y cuanto mayor luz tenga la persona, tanto más busca el don del arrepentimiento, y más se esfuerza por liberarse del pecado tantas veces como desobedezca la voluntad divina y se sujete al Maestro del Pecado, que es Lucifer. Es lógico suponer que los pecados de los que temen a Dios y de los justos son perdonados continuamente porque se arrepienten y buscan al Señor de nuevo cada día y a cada hora.
“Y, de hecho, la bendición de tener asegurada la propia vocación y elección es en sí motivo alentador para evitar el pecado y una defensa contra futuras caídas. Por ese largo camino de obediencia y pruebas que les permitió alcanzar tan grande bendición, los santificados han marcado un camino y elaborado un modelo de vida que evita el pecado y fomenta la rectitud. Así, el Señor dijo:’…os nombro a Hyrum Smith para ser vuestro patriarca, para poseer las bendiciones de sellar en mi iglesia, sí, el Santo Espíritu de la promesa, mediante el cual sois sellados para el día de la redención, a fin de que no lleguéis a caer, no obstante la hora de tentación que pueda sobreveniros’ (D. y C. 124:124).
“Mas suponed que tales personas se vuelvan desleales y las abandone el espíritu del arrepentimiento — lo cual es una eventualidad que se presenta rara vez—, ¿qué sucedería entonces? La respuesta es —y las revelaciones y enseñanzas del profeta José Smith así lo indican—: que entonces deben pagar el castigo de sus propios pecados, porque la sangre de Cristo no los limpiará. O si cometen homicidio o adulterio, pierden la herencia prometida porque esos pecados quedan fuera de las promesas dadas en el sellamiento. Y si cometen el pecado imperdonable, llegan a ser hijos de perdición.” (Doctrinal New Testament Commentary, 3:342-343.) Citado en el
Manual de Instituto de Doctrina y Convenios.
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