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Los primeros académicos y eruditos SUD

“Si la obtención y aplicación del conocimiento ha sido siempre una “larga y continua paciencia”, no debemos llegar a pensar que los miembros de la Iglesia están exceptuados de los afanes del joven discípulo del relato. El profesionalismo y la autoridad en ciencia se logran al tener un dominio completo sobre el paradigma que rige cada campo de investigación. Un experto debe lograr convertir esos paradigmas en herramientas de trabajo y utilizarlas de forma rápida, habilidosa y casi inconsciente para resolver los problemas dentro de su área.

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Hacia 1907 B.H. Roberts, a la sazón integrante del Primer Consejo de los Setenta, polemizaba con el crítico Theodore Schroeder en un debate sobre el origen del Libro de Mormón. Roberts publicaría tres tomos de la obra New Witnesses for God (1895-1911) en los que establecía la diferencia entre “evidencia interna” (aquella que surgía del estudio y análisis del propio texto) y “evidencia externa” (la provista por las Ciencias Naturales, la Arqueología, la Historia y otros textos) estableciendo un fundamento sobre el que construirían los que vendrían más adelante.

Para 1912, el Reverendo Franklin S. Spalding, iniciaba su ataque en contra de las traducciones de Joseph Smith, comenzando por el Libro de Abraham y recurriendo a diferentes egiptólogos de la época para que diesen su opinión. Resultado del informe: la Perla de Gran Precio era un fraude!… El propio B.H. Roberts llegó a confesar candorosamente que el método utilizado por Spalding era legítimo y aparentemente irreprochable.

Con el paso de las décadas se supo que las intenciones del Reverendo no habían sido tan limpias como parecían en un primer momento. Diversos allegados a su trabajo confirmaron que Spalding recelaba de la alta organización y actividad de la Iglesia, que su plan maestro consistía en lograr la deserción de la membresía intelectual de la misma y que para ello no dudó en dejar fuera del informe las opiniones de egiptólogos que no apoyaban su visión. De hecho, en aquella ocasión, la defensa de los principios de imparcialidad y el rechazo a la metodología utilizada corrió por cuenta de investigadores no mormones. No había entre las filas de miembros quien estuviera capacitado para hacerlo.

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La erudición de los primeros líderes de la Iglesia

La erudición de los primeros lideres de la Iglesia

La erudición es “un saber profundo en un tipo de conocimientos”. Algunos de los primeros lideres de la Iglesia son considerados como eruditos debido a sus profundos conocimientos de las escrituras y del evangelio restaurado.

Aunque son muchos, en este articulo solo mencionare a los más influyentes:

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El valor de la Erudición SUD

Obviamente, la erudición no reemplaza a la confirma­ción espiritual como fuente del testimonio. Tal y como dijo el élder B. H. Roberts (1857-1933), de los Setenta: El poder del Espíritu Santo “siempre debe ser la fuente principal de evidencia en cuanto a la veracidad del Libro de Mormón; toda otra ocupa un lugar secundario… Sea como sea que se presenten otras evidencias y cualquiera que sea la exactitud con que se expliquen, ningún razonamiento  por  más  hábilmente  que  se  exprese,  podrá jamás reemplazar  [al Espíritu Santo]”.

Aun así, el estudio académico ocupa un lugar firme, incluso en los asuntos espirituales. El Señor dijo en una revelación dada en 1829 a Oliver Cowdery por medio del profeta José Smith: “Sí, he aquí, hablaré a tu mente y a tu corazón por medio del Espíritu  Santo… ” (D. y C. 8:2;cursiva agregada). En 1832, el Señor dijo al profeta José Smith: ” … buscad conocimiento tanto por el estudio como por la fe” (D. y C. 88:118). Tal y como observó un escritor: ”Aquello que no se puede defender se abandona con rapidez. Un argumento racional no genera la creencia, sino que mantiene un clima en el que ésta puede florecer”

El concienzudo estudio académico nos ayuda a entender de manera más plena, profunda y precisa. “A fin de que se conozca, la verdad debe declararse”, dijo el élder Roberts, “y cuanto más clara y completa sea la declaración, mejor será la oportunidad para el Espíritu Santo de dar testimonio al alma de los hombres de que la obra es verdadera”. (Peterson, Daniel C. “Mas evidencias para el Libro de Mormón”, Liahona Septiembre 2000 pag. 28)

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