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En que forma Dios no progresa

NOCIONES FALSAS ACERCA DEL PROGRESO DE DIOS. A mí me parece muy extraño que los miembros de la Iglesia se aferren a la doctrina de que “Dios aumenta en conocimiento a medida que pasa el tiempo. O que puedan creer (como dice un artículo publicado no hace mucho): “Si la perfección absoluta fuese alcanzable, con el tiempo llegaría un momento en el que los que han elegido el camino mejor llegarían al máximo; y si lo máximo pudiese ser alcanzado, cesaría el progreso. Esto no puede ser, pues, como se ha puntualizado antes, en la naturaleza nada puede quedar estancado. Cuando el progreso abdica al trono, el retroceso es el sucesor inferior.” Pero, ¿cómo puede alguien saberlo? ¿Dónde nos ha revelado el Señor que a El le falte conocimiento? ¿Y que aún esté aprendiendo nuevas verdades y descubriendo leyes nuevas que le sean desconocidas? Yo creo que esta clase de doctrina es muy peligrosa. Yo no conozco dónde el Señor haya declarado jamás una cosa semejante; eso no se encuentra en ninguna revelación que yo haya leído. La opinión del hombre sin el auxilio de las revelaciones del Señor, no la justifica.

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Voces distintas

Voces

En la actualidad debido a la gran cantidad, variedad y popularidad de blogs y paginas web publicadas por miembros de la Iglesia en forma independiente, es necesario que los SUD podamos diferenciar con claridad entre estas “voces distintas” y la “voz de la Iglesia”.

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En la vida premortal no se presentaron dos planes de salvación

“Uno de los ejemplos más lamentables de mala interpretación y de conocimiento equivocado, de lo que de otra manera sería un concepto glorioso, es el error común de creer que hubo dos planes de salvación; que el Padre (supuestamente sin saber qué hacer) solicitó a los demás que propusieran un plan; que Jesucristo expuso el suyo, el cual incluía el libre albedrío del hombre, y Lucifer, uno que lo anulaba; que el Padre eligió entre los dos; y que al ver rechazado su plan, Lucifer se rebeló y como consecuencia se desató una guerra en los cielos.

“Aun un conocimiento superficial de todo el plan asegura a las personas que son perspicaces en lo espiritual que todo se centra en el Padre; que El ideó el plan para la salvación de sus hijos, incluyendo a Jesucristo; que ni Jesucristo ni Lucifer podrían por sí mismos salvar a nadie. Como Jesús dijo: ‘No puede el Hijo hacer nada por sí mismo . . . No puedo yo hacer nada por mí mismo’ (Juan 5:19, 30).

“Por supuesto, a veces en cierto sentido nos referimos a los cambios que Lucifer propuso hacer en el plan del Padre como al plan de Lucifer, y de la misma manera que Cristo adoptó el plan del Padre como suyo. Pero lo que básicamente importa al respecto es saber que el poder de salvación es del Padre, y que El originó, ordenó, creó y estableció su propio plan; que lo anunció a sus hijos; y que luego pidió un voluntario para ser el Redentor, el Rescatador, el Mesías, quien pondría en ejecución eterna el plan sempiterno del Padre.” (Bruce R. McConkie, The Mortal Messiah, 1:48-49 n. 3.)

El peligro de la falsa doctrina

“Entre los Santos de los Últimos Días hay dos clases de personas de quienes se puede esperar la predicación de doctrinas falsas, disfrazadas como verdades del Evangelio, y casi son ellas las únicas. Son:
Primero: Las que permanecen ignorantes sin ninguna esperanza, aquellas cuya falta de inteligencia se debe a su indolencia y pereza, que sólo hacen un débil esfuerzo, si acaso, por mejorarse mediante la lectura y el estudio; aquellas que padecen de esa enfermedad terrible que puede tornarse incurable, a saber, la pereza.
Segundo: Los soberbios y los que se engrandecen a sí mismos, que leen a la luz de la lámpara de su propia vanidad, que interpretan según las reglas por ellos mismos formuladas, que han llegado a ser una ley para sí mismos y se hacen pasar por únicos jueces de sus propios hechos. Éstos son peligrosamente más ignorantes que los primeros.
Guárdense de los perezosos y de los vanidosos; en ambos casos es contagiosa su infección; mejor será para ellos y para todos cuando se les obligue a poner a la vista la señal de peligro, a fin de que sean protegidos los sanos y los que no se han infectado.”

Presidente Joseph F. Smith. Doctrina del Evangelio, 1978, pág. 367

“Quiero decir a los Santos de los Últimos Días que tenemos el deber de aplicar nuestra fe a la palabra revelada de Dios, de aceptar aquello que ha venido mediante inspiración, a través de la revelación, a sus siervos los profetas, tanto antiguos como modernos. Y siempre que encontréis cualquier doctrina, cualquier idea, cualquier expresión proveniente de la fuente que sea, que esté en conflicto con aquello que el Señor ha revelado y que se encuentra en las Santas Escrituras, podréis tener la seguridad de que es falso; y deberéis dejarlo a un lado y permanecer firmemente erguidos sobre la verdad en oración y fe, dependiendo del Espíritu del Señor para recibir conocimiento y sabiduría concernientes a estos principios de verdad.”

“Si los miembros de la Iglesia tuviesen más confianza en la palabra del Señor y menos en las teorías de los hombres, andarían mejor. Os daré una clave para vuestra guía. Cualquier doctrina, venga en nombre de la religión, ciencia, filosofía o venga de donde venga, que esté en conflicto con las revelaciones que han sido aceptadas por la Iglesia como provenientes del Señor, fracasará. Tal vez parezca muy plausible; tal vez os sea propuesto en una forma en la que no podáis responder; tal vez os parezca establecido por una evidencia incontrovertible; pero todo lo que tenéis que hacer es aguardar. El tiempo se encargará de nivelar todas las cosas.

Encontraréis que toda doctrina, toda teoría y todo principio, no importa cuán grande parezca ser, no importa cuán universalmente sea aceptado, si no está de acuerdo con la palabra del Señor, perecerá. Ni tampoco será necesario que nosotros estiremos la palabra del Señor para hacerla acomodarse a estas teorías y enseñanzas. La palabra del Señor no pasará sin ser antes cumplida. Comprendo que todos somos débiles, y a veces tal vez sobrepongamos interpretaciones falsas muy por encima de la palabra escrita, pero las revelaciones son tan claras en relación a Adán, a la Caída, la Expiación, la Resurrección, la redención de la tierra, cuando nuevamente será proclamada “buena”, y tantas otras cosas que caen bajo el anatema de la enseñanza moderna, que no tenemos ninguna necesidad de desviarnos. Las teorías de los hombres cambian de día en día. Mucho de lo que ahora se enseña mañana quedará descartado, pero la palabra del Señor perdurará siempre.”

Joseph Fielding Smith. Doctrina de Salvación. Tomo I, pág. 260-262

El hno. Edward J. Brandt (Director, División de Evaluaciones, Departamento de Correlación) nos invita a reflexionar:

Así que pregúntense a ustedes mismos: “¿He enseñado alguna vez doctrina falsa?”. Estoy seguro de que todos lo hemos hecho, pero a medida que crecemos, aprendemos y nos esforzamos por tener el Espíritu del Señor en nuestra vida, podremos corregirnos.

El élder Boyd K. Packer nos enseñó lo siguiente: “Es factible que en un momento determinado un miembro no entienda uno que otro punto de doctrina, que malentienda algo o que aun crea que algo es cierto cuando en realidad no lo es.

“En eso no hay demasiado peligro… no es más que una parte necesaria del proceso de aprender el Evangelio. Ningún miembro de la Iglesia debería sentirse avergonzado ante la necesidad de arrepentirse de alguna idea falsa que hubiera tenido. Tales ideas se corrigen a medida que uno aumenta en luz y conocimiento.

El problema de una idea falsa no está en que uno crea en ella, sino en que la enseñe a los demás” (Liahona, julio de 1985, págs. 33–34).

Edward J. Brandt. Obtener y mantener la pureza de las escrituras y la doctrina. Un Énfasis Actual de la Enseñanza Para el Sistema Educativo de la Iglesia, págs. 7–11.

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