Los libros apócrifos y pseudoepigráficos del Antiguo Testamento

“Cuando a fines del siglo 1 de la Era Cristiana los judíos establecieron el canon de la Biblia hebrea, algunos de los libros que aparecían en la Septuaginta quedaron fuera. Las iglesias protestantes los llaman apócrifos (“escondidos”). La Iglesia Católica los llama deuterocanónicos (“del segundo canon”) y los incluye como parte del canon. Otras iglesias los consideran libros provechosos para la edificación, pero no como base de doctrina, y finalmente otras iglesias los rechazan por completo. La verdad es que aparecen en los deuterocanónicos relatos muy peculiares, tales como el de Daniel, que mata a un dragón (ver Weiser, 1961, pp. 340, 389-412; Patzia, 1995, pp. 26-28).

Los libros apócrifos del Antiguo Testamento no aparecen en la Biblia en un lugar fijo ni en un orden específico. A veces se los intercala con los otros libros del Antiguo Testamento. San Jerónimo, al escribir la Vulgata, los colocó entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y algunas ediciones modernas siguen esa tradición. Otra diferencia entre los libros del canon judío y los apócrifos es que estos últimos no fueron todos originalmente escritos en hebreo. Algunos pudieron haber sido escritos originalmente en hebreo (o arameo), otros en griego, y otros no se sabe con certeza. Aunque el número total de apócrifos varía según la tradición que se siga, los apócrifos del Antiguo Testamento incluyen los siguientes libros: Tobit, Judit, Ester (partes adicionales en griego), 1 y 2 Macabeos, Eclesiástico, Sabiduría de Salomón, Baruc, y Daniel (partes adicionales en griego) (Ver Talmage, 1972, cap. 13, y Dios habla hoy, Parte 2, Deuterocanónicos, pp. 1-237). José Smith declaró que los deuterocanónicos “contienen muchas cosas verdaderas, y en su mayoría se han traducido correctamente” (DyC 91:1).

Los pseudoepigráficos del Antiguo Testamento son libros que en general no aparecen ni en la Septuaginta ni en la Vulgata. Muchos provienen de la tradición hebrea, otros de las iglesias de Oriente (Siríaca, Copta, Etíope, etc.). De algunos sólo tenemos fragmentos o el título, y muchos han sido redescubiertos recientemente. Los pseudoepigráficos se basan en ideas, narrativas y personajes del Antiguo Testamento, que a menudo aparecen cristianizados.

Los pseudoepigráficos son una herramienta formidable para entender el judaísmo primitivo y el cristianismo primitivo. Se llaman pseudoepigráficos porque el epígrafe (o mejor dicho, el título) suele aludir a un personaje del Antiguo Testamento que no es el verdadero autor. Ejemplos de libros pseudoepigráficos son: La carta de Aristea, el libro de Jubileos, el Martirio de Isaías, los salmos de Salomón, las odas de Salomón, el cuarto libro de los Macabeos, las odas Sibilinas, el libro de Enoc, la Ascensión de Moisés, el cuarto libro de Esdras, el Apocalipsis de Baruc, los Testamentos de los Doce Patriarcas, y la Vida de Adán y Eva. Generalmente no se publican como parte de la Biblia (ver Weiser, 1961, pp. 340-341, 413-447; Charlesworth, 1983 & 1985; Patzia, 1995, pp. 28-31).”

Hugo Olaiz, La Biblia, la alta critica y el Mormonismo

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Acerca de lualcaro

Soy un SUD peruano de 1ra generación.

Publicado el 28 agosto, 2015 en General y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Juan Ramón Ordóñez Meda

    para una mejor comprensión se hubiese utilizado la nomenclatura: deuterocanonicos o apócrifos y apocrifos o seudoepigrafos como se explicó en la introducción y seguir así la secuencia._

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